Trabajo doméstico en América Latina: Un largo camino al trabajo decente

Desde el Área de la Mujer y Familia compartimos el artículo de María Elena Valenzuela, especialista regional en género, empleo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado en el Suplemento Informativo N 1, octubre 2011, de la Asociación de Desarrollo Comunal: Voz de Mujer.

En la 100° Conferencia Internacional del Trabajo, que se llevó a cabo entre el 1° y el 17 de junio en Ginebra, Suiza, representantes de organizaciones de trabajadores, empleadores y gobiernos de los 183 Estados Miembro de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), adoptaron una nueva norma internacional que establece estándares mínimos de protección para quienes se desempeñan en el trabajo doméstico remunerado, una de las ocupaciones con mayor déficit de trabajo decente en el mundo.

En tareas como cocinar, limpiar, lavar la ropa, cuidar niños y/o ancianos o personas con discapacidad, las trabajadoras del hogar realizan una contribución social y económica central, y se aumentan las oportunidades de empleo remunerado para aquellas con responsabilidades familiares.
Tradicionalmente el trabajo doméstico ha sido la puerta de entrada al mercado de trabajo para mujeres que cuentan con poca educación, no tienen calificaciones o experiencia laboral y carecen de redes sociales en las cuales poder apoyarse en la búsqueda de empleo. Por muchos años, el segmento mayoritario fue el de jóvenes rurales que migraban a las ciudades en busca de nuevas expectativas al que hoy se ha sumado la migración de mujeres que buscan mejores ingresos y oportunidades en otros países de la región.
Se estima que 52 millones de personas en el mundo realizan esta labor, de las cuales, alrededor del 80% (43 millones) son mujeres. En América Latina, más de 14 millones de mujeres trabajan remuneradamente para una familia siendo numéricamente la ocupación más importante para las mujeres de la región, como por ejemplo, en Paraguay (20,6%); Uruguay (18,6%); Argentina (17,3%); Brasil (17%) y Chile (14,3%). Muchas de ellas expuestas a extensas jornadas de trabajo, bajas remuneraciones, escasa cobertura de seguridad social, alto nivel de incumplimiento de las normas laborales y un menor reconocimiento de sus derechos en las legislaciones laborales de muchos países, en comparación con el resto de los trabajadores.
En algunos casos, la legislación nacional no permite su afiliación a los sistemas de pensiones y en otros el incumplimiento es muy alto, por lo que tienen muy baja cobertura en los sistemas de protección e incluso en algunos países se las excluye de los sistemas de salud para trabajadores. En otros casos, la afiliación es voluntaria, y queda a criterio del empleador.
Frente a esta realidad, los mandantes tripartitos de la OIT han reconocido la necesidad de complementar las normas generales adoptadas por la organización con normas específicas para una protección más eficiente de los derechos de este grupo.
Los representantes de los Estados Miembro han decidido adoptar un Convenio –un tratado internacional jurídicamente vinculante- acompañado de una Recomendación, que sirve como directriz no vinculante que establece los principios básicos que deberían aplicar los países en torno a este tema.
El Convenio tiene el objetivo de garantizar que los trabajadores y trabajadoras domésticos, como los demás trabajadores, puedan disfrutar de condiciones justas de empleo además de un trabajo y vida decente, para lo cual reitera las normas existentes de la OIT sobre trabajo forzoso, discriminación y trabajo infantil, la libertad de asociación y el derecho a la negociación colectiva; establece protección mínima en materias como jornada de trabajo, remuneración, seguridad social (incluyendo protección de la maternidad), la seguridad y la salud ocupacional; persigue prevenir el abuso, el acoso y la violencia contra las trabajadoras/es domésticas/os, y garantizar que tengan acceso a los procedimientos de solución de conflictos, incluidos los tribunales y fomentar la profesionalización de este trabajo a través de formación profesional y medidas para reducir la informalidad en este sector, entre otras.

Trabajo doméstico, desigualdad de género, de raza o etnia y pobreza están estrechamente relacionados. Enfrentar este fenómeno requiere mejorar urgentemente sus condiciones de trabajo, promover en todos los ámbitos la igualdad de derechos entre hombres y mujeres (y las reformas necesarias para asegurarlos), pero principalmente se requiere valorizar el trabajo de la mujer, las tareas domésticas y el trabajo de cuidado de los hogares y seres humanos como tarea societal.
Estos son pasos necesarios, claves y posibles para avanzar hacia la igualdad y la erradicación de la pobreza en la región que con la votación realizada en Ginebra, se inician en el camino hacia el logro de un trabajo decente para todas las personas.

Su opinión nos interesa...

Nos reservamos el derecho de eliminar y/o modificar los comentarios que contengan lenguaje inapropiado, spam u otras conductas no apropiadas en una comunidad civilizada. Para mayor información revisa nuestras Condiciones de participación. Gracias.

El E-Mail registrado no será publicado.

Para validar la dirección web ingrese: http://